lunes, 21 de septiembre de 2020

EL MISTERIO DE LAS CALAVERAS DE CRISTAL MAYA

 EL MISTERIO DE LAS CALAVERAS DE CRISTAL MAYA




LOS MAYAS Y SUS SECRETOS

Corría 1924. El explorador inglés Frederick A. Mitchell-Hedges, acompañado de su hija adoptiva Anna, y de otros personajes que representaban el Museo Británico, iniciaba sus excavaciones en una zona conocida como “Punta Gorda”, en Belice, las antiguas Honduras británicas. Allí, en medio de la jungla, descubrieron una gran plaza de piedra, pirámides ?como es de suponer cubiertas de vegetación? y cámaras subterráneas. De cara a todo esto, los exploradores decidieron bautizar el complejo arquitectónico con el nombre de “Lubaantún”, que significaría algo así como: “Ciudad de las Piedras Caídas”. Se trataba de un antiguo yacimiento maya.

Mitchell-Edges, por alguna razón, estaba convencido de que aquellas ruinas tenían conexión con la Atlántida de Platón. Pensaba que en ellas hallaría algo que confirmase sus sospechas sobre la existencia de civilizaciones más avanzadas de lo que estimamos en un pasado muy remoto, y que desaparecieron por el mal uso del conocimiento que adquirieron. Y, como si se tratase de una respuesta del destino, el explorador hallaría su “confirmación”.

Durante las excavaciones ?cuenta su hija adoptiva Anna? el equipo de exploración había observado un destello, “algo que brillaba” entre las piedras. Los hombres de Mitchell-Edges, excitados, intentaron despejar el lugar ?que daba a un túnel a manera de chimenea? para ver de qué se trataba; no obstante a ello, el espacio era muy reducido para que uno de los hombres ingresara en él, así que no quedó otra alternativa que bajar a la pequeña Anna con una soga, al interior mismo de esta cavidad subterránea, y ver qué brillaba en medio de los escombros.

Cuando Anna salió sin dificultad del pozo, sosteniendo en sus manos una calavera de cristal de roca a tamaño natural, el grupo de exploradores pensaba que estaba siendo víctima de un espejismo. Pero era real. Aquello estaba allí.

El “Cráneo del Destino” ?como actualmente se le conoce a esta extraña pieza arqueológica?, es una verdadera joya de casi cinco kilos de peso, esculpida en una sola pieza de cuarzo. Para tener una idea cercana a este enigma, recordemos que en la escala de Mohs de dureza de los minerales, el cuarzo alcanza un valor de siete sobre diez. Ello nos dice que sólo el diamante es capaz de cortarlo con precisión… Lo incomprensible está en que el cráneo maya, además de estar construido en una sola pieza  ?exceptuando la mandíbula que es móvil? no muestra un solo arañazo o marca que sugiera un “trabajo artesanal”…

Para coronar el misterio, en 1970 la compañía Hewlett-Packard sometió al cráneo de cristal a una serie de análisis, concluyendo que se necesitaban al menos trescientos años de trabajos manuales coordinados, actuando sobre la piedra por erosión de su superficie. ¿Es que emplearon todo ese tiempo para hacerlo? ¿O utilizaron una técnica desconocida? ¿Fueron los mayas sus verdaderos creadores? Como fuere, parece que el enigma que encierra este objeto inspiró la reciente película de Indiana Jones, aunque con dos importantes variantes: el cráneo de cristal sería hallado en Perú, y estaba conectado a una entidad extraterrestre.




LA PELICULA DE INDIANA JOHNS Y LA CALAVERA DE CRISTAL

Cuando uno contempla la pieza hallada por Anna en aquellas ruinas mayas (en presencia del representante del Museo Británico, el Capitán Joyce) no puede evitar preguntarse cuál fue el propósito de este cráneo de cristal en aquella época. ¿Fue hecho por los mayas o se trata de una heredad de una civilización anterior? Y es que el enigma no sólo involucraba el objeto en sí y su excelente acabado, sino sus presuntas capacidades sobrenaturales.

Por ejemplo, algunos investigadores, al observar en las cuencas de los ojos del cráneo ?algo que también ocurrirá en la película? sentían una paz profunda y entraban en una especie de trance, como si estuvieran siendo hipnotizados. Otros, vieron sorprendidos imágenes de ciudades mayas, entre ellas, inclusive, identificaron el observatorio de Chichén Itzá, pero completo, como si la imagen estuviese conectada con algún momento del pasado. ¿Era el cráneo un oráculo? ¿Podía ver a través del tiempo?



Para pensar un poco más, no es el único cráneo de cristal que se ha encontrado. Hay un verdadero ejército de objetos que han sido hallados en diversas partes del mundo, aunque, debo decir, no todos poseen la misma perfección que muestra el objeto original hallado en Centroamérica. No obstante, existe una profecía indígena que asegura que cuando se hallen y se junten los 13 cráneos de cristal que fueron enterrados por los antiguos en diversos puntos del planeta, algo extraordinario sucederá en el mundo.

Supuestamente, ese mágico acontecimiento está conectado con la profecía del 2012 y el “renacimiento” de la Tierra. Y me atrevería a decir que aquellos cráneos de cristal podrían estar conectados con las fuerzas que animan a los 13 discos solares. Tal como hemos explicado en anteriores artículos, existe una red de discos de poder repartida en el mundo, desde Mount Shasta hasta la península antártica. Son 12 discos más uno que los enlaza, transformándolos en la “Red del Tiempo”, un sistema de estabilización de energía planetaria que será accionado en el año 2012. Una vez más, el número 13 y la fecha de la profecía maya que alude a un  gran cambio.

En la reciente película de Indiana Jones, luego de toda una odisea, el cráneo de cristal es devuelto al cuerpo del cual había sido separado. La sorpresa es que pertenecía a una figura humanoide, una entidad extraterrestre que se hallaba sentada con otros 12 seres de similar apariencia, también de cristal, aunque todos ellos se hallaban completos. Recuerda el “sacerdocio mágico de los mayas”, que debía estar compuesto por 1 maestro y 12 discípulos, como ocurrió 2000 años atrás con Jesús y sus apóstoles.

Volviendo al film, finalmente, al ser depositado el cráneo en su lugar original, los 13 seres se juntarán en una sola figura, llegando así el desenlace de la aventura, en donde una gran nave, oculta bajo las mismísimas construcciones de apariencia maya, despierta y regresa al espacio.

Todo parece fruto de la casualidad, pero lo cierto es que existen varios elementos de esta parte de la película que relacionan información que ha fluido en el contactismo y en las profecías. Tan sugerentes fueron esos detalles, que por un momento nos hizo olvidar las imprecisiones sobre la expedición de Orellana, el episodio de las líneas de Nazca y la absurda tormenta en esa zona que es árida hace siglos, así como la vestimenta, también absurda, de los peruanos en la costa como si estuvieran en  la sierra; y peor aún la música que sonaba a México y no tenía conexión alguna con el escenario sudamericano que el film procuró crear.

Como fuere, perdoné casi todo cuando, al final, Indiana Jones sostenía que el verdadero tesoro era el conocimiento.

ARTEFACTOS IMPOSIBLES

Más allá de cualquier interpretación sobre este asunto, lo cierto es que el hallazgo de 1924 fue auténtico. Aquel cráneo de cristal existe, aunque actualmente se ignora donde está siendo custodiado.

También se debe subrayar que los cráneos de cristal no han sido los únicos descubrimientos relacionados a una supuesta civilización extinguida que aplicó sus conocimientos en los cristales de roca. Por ejemplo, en 1968, el Dr. Ray Brown, durante una inmersión en las cercanías de las islas Bimini y Andros (Océano Atlántico) encontró sorprendido una pirámide sumergida de aspecto maya. Desde luego, Brown no se contentó con sólo ver la pirámide. Temerariamente buceó hacia la cima trunca de la misteriosa construcción, en donde halló una suerte de templete, y allí, encontró una sala con siete sillas, y en el centro de la habitación, un soporte de piedra con dos manos metálicas que sostenían una pequeña esfera vítrea. El Dr. Brown se llevó consigo la enigmática esfera, y al ser ésta sometida a un riguroso análisis, se determinó que estaba hecha de cuarzo, al igual que el “Cráneo del Destino” de Mitchell-Edges… El aspecto maya de la construcción que escondía este objeto no deja de ser inquietante. ¿Era realmente maya? ¿O una construcción de una cultura anterior que más tarde inspiraría a los mayas? ¿Tendrá que algo que ver con la famosa esfera que el buzo francés Henry García halló en la laguna del apagado volcán Licancabur en Bolivia?

Muchos de estos objetos hallados por intuitivos exploradores han terminado a parar, lamentablemente, en “colecciones privadas”, al mejor estilo de las películas de Indiana Jones. Eso, tampoco, es ciencia ficción. Se sabe que aquellos enigmas arqueológicos son comprados, obviamente, por fuertes sumas de dinero. La arqueología oficial, como es de suponer, no ha querido dar mayor opinión sobre estas evidencias “de lo imposible”, ya que, a decir de los entendidos, “no se puede demostrar cómo y por qué lo hicieron”. Y es comprensible ?aunque no justificable? esa actitud pragmática, pues la presentación de estos hallazgos venía cargada de teorías alucinantes, donde el tema infaltable era la existencia de la Atlántida, una verdadera herejía intelectual incluso en estos días.

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